miércoles, junio 18, 2008

LA OBRA ASCÉTICA DE SAN EFRÉN EL SIRIO (13)

13


Amigo mío, si tienes un buen comienzo, alcanzarás agradablemente la ancianidad y serás como un faro que lo ilumina todo en el camino del Señor. Coloca unos cimientos resistentes para que tu obra sea exaltada. Si vienes a la vida monástica después de haber sido muy honrado en la vida mundana, que no es más que vanidad, abstente del demonio del ecumbramiento por temor a que te domine y te conduzca a la perdición.

No hay para ti deshonra en permanecer en la sumisión al Señor y en trabajar para el bien con tus propias manos. Porque esta pequeña tribulación que te pesa, y que soportas a causa del Señor, se convertirá para ti en el principio de la vida eterna. ¿Qué más decir? Los combatientes y trabajadores espirituales que soportan todas las opresiones de la vida de la gloria que les será revelada más tarde, son semejantes a un hombre que intercambia un solo dracma por mil talentos de oro. Concedes muy poco a cambio de mucho. Atiende a la siguiente parábola: “Dos atletas vinieron juntos para luchar con sus adversarios. Uno llevaba ropas resplandecientes mientras que el otro iba pobremente vestido. Ambos, dejando antes sus vestimentas, entraron desnudos en el estadio”. ¿Qué enseñanza concluimos aquí? ¿Aquél que se deshizo de su traje resplandeciente va a hacerlo venir para que le ayude en el combate con su adversario? ¿No va, más bien, después de haberlo dejado detrás de él como algo inútil para su combate, a esforzarse por dar pruebas de coraje y de vigorosa habilidad contra su opositor? Así lo mismo en ti: no tengas en cuenta lo que abandonaste. Porque cada uno dejó atrás lo que poseía y desvistió al viejo hombre para revestir al nuevo. Mejor, sabiendo que entraste desnudo para combatir como todos los demás atletas contigo, vístete de humildad; y que está escrito: “Lo que es altamente estimado entre los hombres, es abominable ante Dios” (Lc 16, 15) Y no te encumbres en tu pensamiento a propósito de la sabiduría según el mundo, porque la sabiduría del mundo, está dicho, es locura para Dios (1 Cor 3,19) Es más: “Si alguno entre vosotros se cree juicioso según este mundo, hágase necio, para llegar a ser sabio” (1 Cor 3, 18).