jueves, abril 17, 2008

PARA LA REFLEXIÓN Y LA MEDITACIÓN (15)

Hay que llevar a cabo la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo. Hay que conseguir desarmarse.

He mantenido esta guerra durante años y ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado. Ya no tengo miedo de nada porque el amor expulsa al miedo.

Estoy desarmado de la voluntad de tener razón, de justificarme descalificando a los demás.

He dejado de vivir preocupado, celosamente crispado sobre mis riquezas. Acojo y comparto. No me apego de modo particular a mis ideas ni a mis proyectos. Si me presentan otros mejores, o sin ser mejores, buenos, los acepto sin pena. He renunciado al comparativo. Lo que es bueno, real, verdadero, es para mí siempre lo mejor.

Por eso no tengo miedo. Cuando no se tiene nada, ya no se tiene miedo.

Si uno se desarma, se vacía, si se abre al Dios-Hombre que hace nuevas todas las cosas, Él borra nuestro mal pasado y nos devuelve a un tiempo nuevo en el cual todo es posible.

SS Patriarca Ecuménico Athenágoras (Spirou)