martes, abril 29, 2008

LA OBRA ASCÉTICA DE SAN EFRÉN EL SIRIO (7)

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Hermanos, grande es el miedo a la hora de la muerte. A la hora de la separación, se ponen cerca del alma todas sus obras, aquellas que hizo de noche y las que hizo de día, las buenas y las malas. Y los ángeles, con diligencia, se apresurarán a hacerla salir del cuerpo. El alma del pecador, contemplando sus acciones, quedará espantada ante la partida. Forzada por los ángeles y lamentándose a causa de lo que hizo, dirá a sus obras con temor: “¡Dejadme durante una hora para que pueda salir!”. Pero todas sus acciones le responderán con una sola voz: “Eres tú quien nos ha hecho, por ello vamos contigo ante Dios”. Y es así, entre lamentos y sufrimientos, que el alma se separa del cuerpo para irse a la comparecencia ante el tribunal eterno.

No queriendo soportar un pequeño disgusto a causa del Señor, caemos a pesar nuestro en numerosas y funestas tribulaciones. Y no queriendo abandonar nuestra propia voluntad a causa del Señor, infligimos a nuestra alma un daño y la causa de su ruina. Por el hecho de no ser o no establecernos firmemente en la obediencia y en el desapego de nosotros mismos a causa del Señor, nos privamos de la intercesión de los justos. Por no seguir el consejo de aquellos que nos guían en nombre del Señor, nos ridiculizamos nosotros mismos ante los ojos de los perversos demonios. Y por no haber aceptado la educación por medio de la vara, seremos presa del horno de fuego inextinguible. Allí, no habrá consuelo.