martes, septiembre 04, 2007

PARA LA REFLEXIÓN Y LA MEDITACIÓN (6)

Una buena amiga me ha pasado hoy un texto de Olivier Clement, correspondiente a una conferencia que, sobre la "Oración del Nombre de Jesús", impartió en 1970 a los monjes de la abadía de Tamie, en Saboya; en él indica la necesidad de los starets, de los ancianos; mas -en sus propias palabras- "(ancianos) en el gran sentido espiritual de la palabra". Lo comparto con ustedes:

En el Oriente cristiano - en el Oriente en general- se ama a la muerte, transparente a otra luz. Una civilización en la que ya no se ora es una civilización en la que la vejez carece de sentido. Se marcha a empujones hacia la muerte, se imita a la juventud; es un espectáculo desgarrante porque - aunque se ofrece una posibilidad, prodigiosa a través de la última desposesión- sin embargo no se aprovecha. Tenemos necesidad de ancianos que oren, que sonrían, que amen con un amor desinteresado, que se maravillen; sólo ellos pueden mostrar a los jóvenes que vale la pena vivir y que la nada no tiene la última palabra. Todo monje en el que la ascesis ha dado fruto, es llamado en Oriente, cualquiera sea su edad un "hermoso Anciano". Es bello con la belleza que sube del corazón. En él las etapas de la vida se armonizan, sintonizan, se podría decir. Y, sobre todo, lo original es reencontrado: blanco con una blancura transfigurada, el "hermoso anciano" tiene ojos de niño .