martes, septiembre 04, 2007

BLOC-NOTES


Madre Teresa bajo el riesgo de la ausencia de Dios. El Islam víctima tanto de prejuicios positivos como negativos. Grecia arde también a causa de un incendio moral. Gül, Bartolomé I y el futuro del Patriarcado.

Vana polémica. Cerrazón de la época a las cosas del Espíritu. ¿La cuestión? La revista Time publica las mejores páginas de Come Be my Light, una colección de cartas de la madre Teresa donde se muestra que atravesó una larga “noche interior” desde 1946 hasta su muerte. Traducción mediática: ¿la hermanita de los pobres habría dudado, dejado de creer? Emoción de un lado, elevación de los hombros de otro… Con riesgo de perder el signo de los tiempos que nos envía la hermanita de los pobres de Calcuta. Sí, la fe no es la creencia. Sí, la ausencia de Dios proclama todavía su presencia. Sí, es un componente nocturno en la tradición mística latina que ilustraron las otras dos Teresas, de Ávila y de Lisieux. No es impedimento. La aridez que confía (“En el fondo de mí, no hay más que vacío y oscuridad”), la insensibilidad que confiesa (“No tengo fe”) son reales. Mejor, su palabra de 1962 (“convertirse en una santa de las tinieblas”) es verdad.

De donde la triple lección, ya presente en su testamento, No Greater Love, que traduje de una tirada, ya hace diez años, mientras que Teresa agonizaba. De una parte, que el más santo servicio a los otros no podría sustituirse en la experiencia del único Otro, que ninguna acción caritativa podría colmar nuestro deseo de la visión cara a cara. De otra parte, que el mundo muere no de una falta de bondad, sino de una carencia de contemplación. Por último, que Madre Teresa es perfectamente una santa del siglo XX, contemporánea del ortodoxo Silvano de Athos (“Contener su alma en el infierno sin desesperar”), del protestante Dietrich Bonhoeffer (“El Dios con nosotros es lo que nos abandona”), testigo de la revelación abismal de Jesús crucificado en medio de la anónima multitud.

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Llevados por una laudable intención de irenismo que es considerada justificación de su patchwork esencialista donde vienen a mezclarse las migraciones magrebí, turca, pakistaní, los contextos francés, alemán, inglés, he aquí que Arte, Libération, Charlie-Hebdo lanzan una gran operación “Musulmanes contra Islamismo”. Como si esa fuera la cuestión…

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La bella Hélade, la pequeña Hélade arde. Y por dos veces. De un lado, el horno atómico de los incendios que asolan el Peloponeso. De otro, la rabia fría de la muchedumbre que se manifiesta en Atenas. ¿Mas contra quién, contra qué desfilan los griegos? ¿Contra el fuego, el aire, la tierra, el agua y las catástrofes naturales? ¿Contra la especulación inmobiliaria, la corrupción financiera, el clientelismo político, el complot periodístico, y las calamidades históricas? Un poco contra todo esto, pero más todavía contra ellos mismos. Grecia conoce las convulsiones que acechan a todas las naciones arrojadas a la mundialización, con cero modos de empleo y toneladas de subvenciones. Bajo la presión de Bruselas, los griegos se dicen cada vez menos ortodoxos. Pero se sienten, también, cada vez menos un pueblo. Duro trueque moderno: el dinero a cambio del alma. Tanto peor para las vidas sacrificadas con el fin de que se salve Olimpia… ¿Y si estas marchas de protesta silenciosa no eran más que unos cortejos fúnebres donde reencontrarse para sentir, una postrera vez, el duelo de los antiguos vínculos de solidaridad?

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Gül elegido presidente de Turquía. El campo laico, deshecho, el ejército, reducido a la impotencia, ve a un islamista llamado a encarnar el Kemalismo. Los extremos encontrarán ahí ciertamente su cuenta. Cuestión principal: ¿Cuánto tiempo puede durar todavía la esquizofrenia turca? Cuestión subsidiaria: ¿En qué medida esta tensión presiona el torno alrededor de Bartolomé I? El hecho es que la estrategia adoptada por el Fanar desde hace quince años ha ido de fracaso en fracaso en los últimos tiempos. Mientras tanto, la multiplicación de las escaramuzas jurídicas no debe ocultar lo esencial. El calendario político del Patriarcado conoce una aceleración. Fuerte. Arriesgada. Peligrosa. Así pues, entonces procede la cuestión inevitable: ¿Cómo el futuro, a corto plazo, de la “presidencia en la caridad” de la Ortodoxia podrá decidirse si consulta y concertación alguna de la misma Ortodoxia?.


Jean François Colosimo

3 de septiembre de 2007


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Nota: Jean François Colosimo es filósofo, teólogo y editor. Nacido en 1960, ha realizado estudios de filosofía, teología y de ciencias de las religiones. Cristiano ortodoxo, enseña historia de la filosofía y de la teología bizantina en el Instituto San Sergio de París. Es autor de filmes documentales, como Washington, la frontera del protestantismo (Artline France 3, 2000) y como coautor ha colaborado en obras del cineasta Olivier Mille, Les Cités de Dieu y Le silence des anges (Arte). Editor desde 1988, ha sido consejero literario para las ediciones Stock, director literario en JCLattes y en la Table Ronde; en 2006 fue nombrado director de la editorial CNRS. Igualmente es cronista de Le Monde des Religions y en las emisiones de Jeux d´Épreuves en France Culture. El presente artículo de Colosimo corresponde a una reciente colaboración suya con "Orthodoxie: L´Information orthodoxe sur Internet".