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miércoles, mayo 07, 2008

DOS LECTURAS DE INTERÉS

Quiero reseñar la existencia en Internet de dos textos cuya lectura puede ser de interés. El primero corresponde a un artículo del Dr. Peter Bouteneff, de la Iglesia Ortodoxa de América (OCA) y miembro o participante activo en el Consejo Mundial de las Iglesias (CMI), de título "Una labor santa: las Iglesias ortodoxas, el CMI y la próxima asamblea" publicado en el año 1998 con motivo del 50 aniversario de esta organización interreligiosa, donde realiza un repaso histórico al pasado, el presente y el futuro de la participación de las Iglesias ortodoxas en el CMI.

El segundo, es una entrevista -de fecha 19 de enero de este año- realizada por D. José Luis Díez Moreno, director de "Pastoral Ecuménica", y publicada en la revista "Ecclesia", al P Teófilo Moldovan, rector de la parroquia rumana de la Santísima Virgen María, de Madrid. En ella el P Teófilo responde a cuestiones sobre ecumenismo y, concretamente, sobre la presencia de la Iglesia Ortodoxa Rumana en España y sus retos en este y otros ámbitos.

[Foto: Delegación ortodoxa participante en la 1ª Conferencia de Fe y Constitución, Lausana 1927]

martes, abril 22, 2008

"¿QUÉ TENGO YO QUE MI AMISTAD PROCURAS?"

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, Hermosura Soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!


Félix Lope de Vega (1562-1635)

lunes, abril 07, 2008

"VENTANAS"

Ventana sobre la palabra (III)

En lengua guaraní, ñe´e significa "palabra" y también significa "alma".

Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma.


Ventana sobre las preguntas

Sofía Opalski tiene muchos años, nadie sabe cuántos, quién sabe si ella sabe. Le queda una pierna, anda en silla de ruedas. Están las dos gastaditas, la silla y ella. A la silla se le aflojan los tornillos y a ella también.

Cuando ella se cae, o se cae la silla, Sofía se arrima como puede hasta el teléfono y disca el único número que recuerda. Y pregunta, desde el fin del tiempo:

- ¿Quién soy?

Muy lejos de Sofía, en otro país, está Lucía Herrera, que tiene tres o cuatro años de nacida. Lucía pregunta, desde el principio del tiempo:

- ¿Qué quiero yo?


Ventana sobre la palabra (V)

Javier Villafañe busca en vano la palabra que se le escapó justo cuando iba a decirla. ¿Adónde se habrá ido esa palabra que tenía en la punta de la lengua? ¿Habrá algún lugar donde se juntan las palabras que no quisieron quedarse? ¿Un reino de las palabras perdidas? Las palabras que se te fueron, ¿dónde te están esperando?.


Ventana sobre la cara

¿Una máquina boba?
¿Una carta que ignora su remitente y equivoca su destino?
¿Una bala perdida, que algún dios ha disparado por error?
Venimos de un huevo mucho más chico que una cabeza de alfiler, y habitamos una piedra que gira en torno de una estrella enana y que contra esa estrella, a la larga se estrellará.
Pero hemos sido hechos de luz, además de carbono y oxígeno y mierda y muerte y otras cosas, y al fin y al cabo estamos aquí desde que la belleza del universo necesitó que alguien la viera.


Ventana sobre la utopía

Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.


Eduardo Galeano, Las palabras andantes (1993)

miércoles, octubre 10, 2007

"A LAS Y LOS NADIES"


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan
los nadies con salir de pobres, que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros
la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni
hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo
la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y
aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con
el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano en El libro de los abrazos (1991)

viernes, septiembre 21, 2007

POEMA


Aquí un hueco de mi blog para el poema de una buena amiga, fuente de fructíferas conversaciones sobre la oración y la meditación, de intercambios de opiniones sobre la experiencia religiosa -en el amplio sentido de las palabras- y de enriquecedoras lecturas espirituales.

Porque en parte puede tener relación con lo que algunas veces hemos hablado, he escogido el siguiente:


A este desierto has de venir...

allí hablaremos en secreto...

Nos sentaremos junto al olivo

pues la higuera yace maldita...


Ya el vino está... prometido

y su amargura se espesa...

porque es el agua de la agonía...

ahora debemos beberla.


Escamparon las nubes...

el nuevo sol nos calienta...


(Alguien caminó y habló

por estas arenas...)

estas piedras son testigos...


Ellas podrán ser cómplices

de lo que ahora decimos...

y en cuanto a la profunda tierra,

ella es el lugar donde las palabras

nos cautivarán

en el absoluto

silencio.




María José Vivo: Ya no espero nada (porque lo tengo todo); Caja de Semillas, Totana-2004.

sábado, septiembre 08, 2007

"PORQUE LA MUERTE ES MENTIRA"


Uno de los autores sudamericanos que supuso para mí un grato descubrimiento fue el escritor uruguayo Eduardo Galeano. La última de sus obras a la que tuve acceso hace unos años -y que vivamente recomiendo- es Las palabras andantes -1993- que recoge un conjunto de pequeños textos que, según él, pretenden seguir la antigua tradición popular de la "literatura de cordel". Desde breves y agudas -a la par que poéticas- consideraciones (ventanas, como él las llama) sobre las más variadas cosas y circunstancias de la vida, hasta cuentos encantadores (especialmente aconsejo los de "Historia de un día en el café" y, su continuación, "Historia de otro día en el café").

Para los que gusten del fútbol, Galeano, un gran aficionado, también ha dedicado un texto a este deporte: El futbol. A sol y sombra.

Sin embargo, quiero hoy traer a este espacio una recreación suya de uno de los bellos mitos indios que incluye en otra de sus famosas obras, la trilogía Memoria del fuego -1982/1986- (por la que recibió el premio American Book Award), bajo el título "La creación":

La mujer y el hombre soñaban que Dios los estaba soñando.

Dios los soñaba mientras cantaba y agitaba sus maracas, envuelto en humo de tabaco, y se sentía felíz y también estremecido por la duda y el misterio.

Los indios marikitare saben que si Dios sueña con comida, fructifica y da de comer. Si Dios sueña con la vida, nace y da nacimiento.

La mujer y el hombre soñaban que en el sueño de Dios aparecía un gran huevo brillante. Dentro del huevo, ellos cantaban y bailaban y armaban mucho alboroto, porque estaban locos de ganas de nacer. Soñaban que en el sueño de Dios la alegría era más fuerte que la duda y el misterio; y Dios, soñando, los creaba, y cantando decía:

- Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira.

jueves, noviembre 02, 2006

"LA SAMARITANA"


"Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: `Dame de beber´"
San Juan 4, 7


Todas las tardes bajaba la mujer a la sombra de las palmeras del pozo patriarcal y se sumergía su alma en el silencio para sentir el latido más hondo de la lejanía... Y esperaba al Señor donde había gozado su presencia; le esperaba devanando sus memorias... Fue una siesta del mes de Sivan. Estaba el valle rubio, maduro y oloroso del aliento del verano. Todo resonaba de elictras ardientes; y entre el hervor gemía una rueda de alfarero.


Junto al ejido halló la mujer doce caminantes; sus mantos viejos, sus sandalias roídas, soltaban la tierra de muchas jornadas. Siendo pobres, había uno que semejaba siervo de los otros, y hollaba pesadamente como un buey flaco cuando labra el erial; tenía el pelo rojo y los labios de ferocidad.


La samaritana les gritó: "¡Llegaos sin recelo, y si nadie os socorre, tomad de lo que hubiere en mi casa; abierta la hallaréis; es la más blanca de todas; suben los jazmines por el muro!..."


Y se alejó envuelta del gozoso donaire de su juventud. Y ya casi en la vera del pozo, se detuvo asustada con los rubores dulcísimos que siente la mujer exquisita, aun siendo pecadora.


Un hombre extranjero, recostado en el brocal, aspiraba la pureza y frescura del agua, y dentro del cielo reflejado se veía su imagen con un nimbo de sol.


El hombre alzó los ojos; la miró como un hermano que estuviese esperándola, y le dijo:


- ¡Paz en ti!


Otra vez asomóse al espejo azul de las aguas y, confiadamente, le pidió:


- ¡Dame de beber!


Ella le contemplaba enternecida de su abandono de niño cansado.


Siempre le hablaron los hombres con ufanía de cortejadores y con rendimiento carnal, viendo solo en ella las gracias de hembra. Y el extranjero la había mirado como enlazándola con la emoción de la tarde, y la había escogido para recibir de sus manos la inocencia del agua. ¡La había mirado; había visto que era hermosa, y le pidió agua!. Y la mujer sintió entonces el encanto íntimo del agua, del cual parecía que participase su vida, y creyó oír el primer elogio de su belleza, renaciéndole un estado de virginidad.


Y le sonrió dulce y tímida, pronunciando:


- ¿Cómo siendo judío me pides de beber a mí, que soy samaritana?


En los ojos del caminante pasó un ímpetu de gloria; y alzóse transfigurándose de niño sediento en padre magno y fuerte, en señor que visita su heredad, y le dijo:


- Si supieses quién es el que te dice: ¡Dame de beber!, tu acudirías a él pidiéndole: ¡Yo no a ti, sino tú a mi dame el agua de la sed mía!


Salieron en la mujer resabios de malicias de rapaza, y se inclinó graciosamente, exclamando:


- ¡El pozo es hondo! ¿Cómo podrías tú sacar agua sin mí?


Y le mostraba el cántaro limpio y fresco de juncia y la delgada cuerda ceñida de su talle.


Llegósele el hombre dolorido de compasión. Y la samaritana recogióse en sí misma escuchándole:


- ¡Todo el que bebiere de esta agua que tú tomas de la tierra vuelve a sentir la sed; mas el que bebiere de la que yo alumbro nunca estará sediento, porque el agua que yo doy se vuelve en el pecho una fuente que salta hasta la vida eterna!...


La mujer se le iba postrando, sin cuidarse de su figura, ni de los pliegues de su túnica, ni de sus trenzas, que se le sumían entre el herbazal; y tendida, humilde y casta, toda hecha de corazón bajo los ojos y la palabra del extranjero, le imploró con un quejido venturoso:


- ¡Dame, Señor, dame de esa agua viva, que yo no quiero tener más sed!...


[Fragmento de Figuras de la Pasión del Señor, de Gabriel Miró, obra de este escritor alicantino publicada en los años 1916-1917]