jueves, noviembre 30, 2006

"QUINCE SIGLOS MÁS TARDE, SAN PEDRO VE LOS ÁNGELES Y VICEVERSA"

Los padres Porphyrios, derecha, y Justin ante la instalación de los iconos en el museo Getty


Hoy, en el diario español "El País", en su suplemento semanal dedicado a extractos de su homólogo estadounidense "The New York Times", me encontraba con este destacado artículo de Jori Finkel relativo a la exposición de iconos del monasterio de Santa Catalina, en el Monte Sinaí, realizada en el museo "J. Paul Getty".


Traslado aquí el artículo en castellano, publicado en el primero de los diarios mencionados, pero el que quiera recurrir a su original en inglés - y completo- puede cliquear en el título de la presente entrada, o bien al final, donde dice "vínculo". Allí, además, podrá acceder a un bello video, con imagen y sonido, titulado "Inside Mount Sinai´s Saint Catherine".


Espero que todo, tanto artículo como video, sea de vuestro agrado. Ahí va, por lo pronto, el contenido del artículo:



Dos tipos de autoridades mantuvieron un abrasivo pulso en pleno desierto: un monje (1) ortodoxo griego y un grupo de oficiales del ejército egipcio. El monje estaba desarmado, pero no temía alzar su voz. Ni los oficiales que se interponían en su camino.


Los soldados pararon al monje, el padre Porphyrios, y a su pequeña caravana de coches y camiones en un control cuando el convoy se trasladaba desde el monasterio de Santa Catalina, en el Monte Sinaí, hasta el aeropuerto de El Cairo.


Su cargamento: cajas de madera llenas de iconos con siglos de antigüedad, cuadros devotos tan delicados como escasos, destinados a una exposición organizada a 13.000 kilómetros, en Los Ángeles.


"Hubo mucho griterío", comentaba el padre Porphyrios, hablando a través de un intérprete en una entrevista reciente: "Yo no iba a permitirles de ningún modo abrir las cajas".


Tras una intensa hora de negociación y unas llamadas bien hechas al Ministerio de Cultura en El Cairo, el padre Porphyrios se impuso. Y los iconos reanudaron el camino hacia su destino definitivo: el museo J. Paul Getty, que los incluye en la exposición Imagen sagrada, terreno sagrado: iconos del Sinaí. Se exponen 43 iconos, 30 de los cuales no se habían prestado nunca.


El Getty ha sido sometido a unos cuantos cambios para la ocasión. El museo ha disminuido la intensidad de las luces y diseñado sus principales salas para recordar el aspecto y la sensación magisteriales de Santa Catalina, considerado el monasterio cristiano que lleva más tiempo abierto ininterrumpidamente en todo el mundo.


Los iconos, imágenes de colores vivos sobre tablas de madera que representan a santos y otras figuras sagradas, desempeñan una función fundamental en la Iglesia ortodoxa. Para los devotos, orar ante la imagen de un santo es un medio de invocarle. Y el icono sirve de ventana al mundo espiritual.


"Me gusta ver los iconos como reflejos, en el sentido clásico en el que una imagen especular se consideraba real, no ilusoria. Es como la presencia de la figura representada", comenta el padre Justin, otro monje de Santa Catalina que, junto con el padre Porphyrios, permanecerá en Los Ángeles casi todo el tiempo que dure la exposición [hasta el 4 de marzo]. "Estar rodeado de iconos es estar rodeado de los propios santos".


La colección de iconos bizantinos de Santa Catalina, que asciende a 2.000 es la mayor del mundo. Algunos fueron pintados in situ por los iconógrafos, monjes conocedores de la tradición de cómo representar un santo, llena de convencionalismos y rica simbología. Otros llegaron como regalos.


Durante siglos, viajar desde Europa a los remotos lugares del Sinaí suponía navegar a Alejandría y viajar tierra adentro en camello durante 15 días. Pero este aislamiento le fue muy útil al monasterio, en especial durante el apogeo de la iconoclastia, en los siglos VIII y IX.


Durante ese períodol, el emperador bizantino León III emitió su edicto 730, que impedía adorar imágenes religiosas, declarándolo un incumplimiento evidetne de la prohibición de las "imágenes talladas" establecida en los Diez Mandamientos. Muchos de los iconos más antiguos fueron incautados y destruidos, pero no los de Santa Catalina, que para entonces habían caído bajo dominio musulmán, quedando así exentos de las leyes bizantinas.


La severa atmósfera del desierto también ha influido en la conservación de los iconos. Al estar pintados sobre madera, corren el riesgo de arquearse o hendirse con los cambios de humedad. Aunque algunos se han dañado por esa razón, la mayoría se ha conservado gracias a la extrema aridez del desierto. Y también gracias a los propios monjesl, que asumen la responsabilidad personal de protegerlos. Durante muchos siglos no dejaron que las pinturas viajaran.


"Es comprensible", explica el padre Justin. "Los iconos han sobrevivido en el Sinaí gracias a su aislamiento. ¿Cómo saca uno esas cosas que tienen más de 1.000 años para enviarlas por primera vez al mundo, sin asegurarse de que las van a devolver intactas?".


Pero en la pasada década, explica, surgió otro deseo que contrarrestaba esa preocupación: "Las objeciones se superaron por el sentimiento de que tenemos la obligación de compartir nuestro patrimonio con los demás; especialmente hoy en día, en que tantas personas buscan inspiración espiritual. Es una forma de llegar a gente que de otro modo tal vez nunca entraría en un templo ortodoxo".


El icono más antiguo de la exposición es un cuadro del siglo VI (2) del apóstol San Pedro, uno de los cinco iconos más antiguos cuya existencia se conoce. Es la primera vez que el icono sale del monasterio.


"Hay muchos gestos de devoción que uno puede hacer ante un icono", comenta el padre Justin. "Si los visitantes son rusos, es de esperar que se santigüen y toquen el cristal". Un portavoz del Getty declara: "Nos estamos aprovisionando de limpiacristales".


Por JORI FINKEL (The New York Times, 12/11/06)


(1) En la traducción al castellano del diario "El País", "monje" aparece siempre como "fraile"; he hecho la corrección oportuna. (2) Por otro lado, figuraba como fecha del icono de San Pedro el siglo once; he puesto VI puesto que sólo así salen los "quince siglos" del título del artículo -puede que se deba a otro error-.