martes, noviembre 07, 2006

ABECEDARIO (7)

ADÁN


Adán.- Desde el punto de vista etimológico procede del hebreo "adam" que, en su relación -ya anunciada por el autor bíblico- con el término igualmente hebreo de "adamah" (i.e. "tierra"), vendría a significar "hecho" o "extraído de la tierra" y también, por extensión, designa sencillamente "hombre" y, en un sentido colectivo, "humanidad".


Así pues, según el relato bíblico de la Creación o Génesis, Adán es el primer hombre, o el hombre por excelencia en tanto que padre genealógico del género humano. El hombre, Adán, es creado por Dios ("Hagamos el hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza...") a partir del barro o polvo de la tierra y de su aliento o espíritu (Gn 2, 7), y colocado en el Paraíso terrenal como dueño absoluto con la única condición de no comer el fruto del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.


El relato bíblico del Génesis describe su existencia feliz en el Jardín del Edén junto a Eva, su compañera; la tentación de la Serpiente; la desobediencia por medio del pecado y, consecuentemente, posterior destierro o expulsión del paraíso; luego, el nacimiento de sus hijos: Abel, Caín y Set; que murió a la edad de 930 años.


Muchos de estos datos del primer libro de la Biblia referidos a Adán y su historia, son fundamentales para la fe cristiana y, especialmente, el hecho de su caída por lo que afecta a la concepción del pecado y de la condición mortal -heredada- del ser humano: así, ya en la literatura rabínica, a Adán se le ve como cabeza de la humanidad y transmisor de la muerte, por su pecado, a todos los hombres en tanto que todos ellos son fruto de su descendencia.


En el resto de los libros del Antiguo Testamento apenas si se le nombra; en cambio, en el Nuevo Testamento y en la tradición que arranca desde el cristianismo primitivo es importante la relación de oposición Adán-Cristo: el primer Adán trajo la muerte y el pecado, mientras que el segundo Adán, Cristo, trajo la Vida y la Resurrección (Rm 5, 12-21 y 1 Co 15, 20-22).