jueves, octubre 04, 2007

"NI SIQUIERA LOS MUERTOS PUEDEN DORMIR TRANQUILOS EN KOSOVO"


Hace unos días, en una entrada anterior, citaba las últimas declaraciones de Monseñor Artemije, obispo de la diócesis de la Iglesia Serbia de Raska-Prizren y Kosovo-Metohija, pronunciadas el 20 de septiembre en una conferencia internacional celebrada en Simferópol, Ucrania, donde denunciaba a la OTAN y a la UNMIK como conniventes de la situación de “purga étnica” y genocidio a que se ve sometida la población no-albanesa de la provincia serbia de Kosovo.

No podía ser de otro modo, Vladyka Artemije cumple con una obligación moral, cristiana, y, por supuesto, con la alta y principal responsabilidad que va pareja con su condición de máximo representante de la comunidad ortodoxa de Kosovo. Nadie puede reprocharle su arrostrada militancia en esta justa causa, ni poner en duda que es principal testigo de la grave y trágica situación que, entre otros habitantes de la provincia, sufre especialmente el pueblo ortodoxo serbio.


Resalto algunas de sus afirmaciones. Resumió lo acontecido: "Ocho años bajo la protección de la OTAN y la UNMIK (Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo) superaron por su severidad cuanto había ocurrido en el pasado”; le puso números y caras: "Quedaron expulsados en este período dos tercios de la población cristiana: 250.000 serbios, gitanos, egipcios y otros no-albaneses"; relató los delitos y los crímenes: "asesinatos, incendios, explosiones, secuestros, violaciones, profanación de iglesias y monasterios" y hasta de los cementerios: “Ni siquiera los muertos pueden dormir tranquilos en Kosovo”, condenó.

Efectivamente –aunque la prensa española y gran parte de la occidental- observa ahora casi un absoluto mutismo sobre estos hechos, quien esto escribe todavía recuerda, cuando acabó la intervención ilegal de la OTAN contra Serbia en Kosovo, cómo los medios significaban que, a la par que las fuerzas de la OTAN ocupaban la provincia, no sólo los habitantes serbios huían de la provincia con las escasas pertenencias que podían salvaguardar, sino otros muchos de las diferentes etnias que –cada día menos- la pueblan: gitanos, goranos (eslavos de fe musulmana), egipcios (gitanos musulmanes; también llamados askhali), turcos, etc. Si tal como entonces se informaba, el conflicto radicaba en la opresión de los serbios sobre los supuestos “liberadores” (UCK) de los albanokosovares, ¿por qué otros pueblos no concernidos por el conflicto huyeron y siguen huyendo?; si tal como se informaba, el conflicto tenía raíces en las diferencias religiosas, ¿por qué otros habitantes de religión musulmana abandonaban y abandonan hoy día, aún, la provincia?

Como “mejor solución” a esta situación de clara purga étnica, genocida, al parecer, la mayoría de los Estados de la UE jalean la idoneidad del “Plan Ahtisaari”: la completa independencia de Kosovo en manos de las autoridades albanokosovares. Supondría la última escena de la desmembración de la Ex – Yugoslavia. Poco importa que la impotencia o la desidia, cuando menos, o la connivencia, en el peor de los casos, de la UNMIK no haya sabido afrontar y resolver los delitos y crímenes que aquí se denuncian y que, además, en opinión de observadores experimentados e imparciales, Kosovo sea hoy nido de corrupción política institucional, tráfico de drogas y de armas, robos y expolios, trata de esclavas sexuales, vivero del terrorismo integrista islámico, etc. ¿Duda alguien de que, ante la negra perspectiva que las civilizadas naciones europeas ofrecen a la población no-albanesa de Kosovo, ésta opte por irse y, por supuesto, por no regresar aquellos que ya se fueron?.

Tampoco parece importar, como hace meses ponía de relieve Ignacio Ramonet en “Le Monde Diplomatique”, que se vulnere el contenido de la resolución 1244 de la ONU, que reconoce la pertenencia de Kosovo a Serbia, siguiendo el principio siempre observado por la Comunidad Internacional en todos los conflictos acaecidos en la ex – Yugoslavia, y especialmente defendido en el de Bosnia-Hercegovina, a fin de que ésta no desapareciese: respetar las fronteras interiores de la antigua República Socialista Federal de Yugoslavia.

Bien, a pesar de que esta entrada pueda resultar más extensa de lo normal, quiero volver sobre las palabras de Vladyka Artemije y reflejar aquí la traducción de un reportaje aparecido en la revista francesa “Marianne”, cuya autora es Elisabeth Levy y cuyo contenido coincide con lo denunciado por el íntegro y valiente obispo serbio. A pesar de que hace casi cinco años de este extenso artículo, la situación desastrosa que describe no ha remitido en Kosovo:



KOSOVO: PURIFICACIÓN ÉTNICA BAJO LOS AUSPICIOS DE LA ONU (12/01/2004) (*)

El paraíso prometido de mestizaje entre serbios y albaneses se asemeja al infierno. La ONU y la KFOR se revelan incapaces de poner un dique al terror y de impedir que el país pase a manos de las mafias.


Debía ser el principio de una nueva era: el derecho iba a suceder a la fuerza, la coexistencia a la purificación étnica, la democracia a la dictadura. Bombardeando Yugoslavia en la primavera de 1999, la comunidad internacional pensaba mostrar que el tiempo de la impunidad para los criminales de Estado se había cumplido. Protegido por los soldados de la OTAN, la ONU, brazo secular de esta diplomacia misionera, había de construir el nuevo Kosovo. Con la ayuda de los combatientes de la libertad, los guerrilleros del UCK (Ejército de Liberación de Kosovo), que un onúcrata debía comparar con los padres fundadores americanos…

Durante los tres meses de guerra, Bill Clinton, Jacques Chirac, Tony Blair y Gerard Schroeder, sostenidos por los medios de comunicación extáticos, habían rivalizado en lirismo humanitario, celebrando de antemano el sueño multiétnico. Millones de ciudadanos sinceros les creyeron. Pristina, esa pequeña ciudad sin encanto, cuyo nombre era sinónimo de tragedia, se convertiría en el laboratorio del gobierno mundial y de la paz universal.

Cerca de cinco años han pasado. Las banderas de las más grandes democracias del mundo ondean en los principales edificios de la capital provincial. Curiosamente, delante del “Gran Hotel”, palacio de la arquitectura estalinista, se han olvidado de la de Francia. Jeep estampillados con las siglas de todas las organizaciones que participan en la administración caótica de este territorio minúsculo atestan los caminos asfaltados.

Kosovo, sin embargo, se ha transmutado hoy en cementerio de ilusiones. Sería injusto no hacer la observación de que los sufrimientos de los albaneses cesaron, por lo menos los que les fueron infligidos por los serbios. Pero hasta los principales interesados lo reconocen: el paraíso prometido a menudo se parece al infierno. La gente habla del pasado todos los días porque no tienen futuro, indica Baton Haxiu, influyente periodista. Con la excepción de Serbia y de Macedonia, todo lugar es preferible a éste. Estamos terriblemente aislados.

Caos político

Una vez las cámaras desaparecieron, las cancillerías descubrieron que tenían otros gatos, más mediáticos que Kosovo, para azotar. El maná financiero que, hasta 2001, se había derramado sobre la siniestrada provincia, sin resultados muy convincentes en términos de desarrollo económico, se secó.

Cada tarde, los apagones sumergen en la penumbra a las familias que no tienen los medios para hacerse con un generador. Pero es en el terreno político donde se constata el más grande desastre.

En materias de democracia y de sociedad multiétnica, la ONU y la KFOR (Fuerza de la OTAN en Kosovo) se han revelado incapaces de evitar un terror a la inversa, dirigido principalmente contra los serbios, mientras que misteriosos grupos extremistas de los que se habla a media voz se apoderaban de la realidad del poder.

Kosovo está en camino de ser entregado a la mafia, expone un cuadro francés que trabaja en la reparación de las infraestructuras. La UNMIK (Misión de las Naciones Unidas) cede las empresas privadas a los que tienen dinero que hay que blanquear.

En la gran fraternidad OTAN-ONU, se consagra mucho tiempo a tirarse los trastos unos a otros. Antes de emitir su análisis, este estadounidense, que ocupa altas responsabilidades en la UNMIK, comienza por expresar su rabia contra Francia que, afirma, tiene sólo una ambición en Kosovo, agitar su bandera e impedir a otros actuar. Tratándose de la suerte de los serbios, el francófobo recusa toda simetría con la de los albaneses antes de la llegada de la OTAN. No es comparable, zanja tajante. Bajo Milosevic, la ley marcial estaba vigente. ¡La represión fue propiciada por el Estado! Esto introduce evidentemente una diferencia aunque, para las centenas de serbios asesinados desde hace cuatro años, este debate de expertos llega un poco tarde.

Pero, bajo Milosevic, Kosovo no fue dividido en zonas para 21000 soldados venidos de los mejores ejércitos del planeta. No estaba patrullado por los jeep rojos y blancos bautizados coca-cola a bordo de los cuales circulan los 4000 policías internacionales encargados de formar y de dirigir el KPS (Servicio Policial de Kosovo). Los restaurantes de Pristina no acogían a la clientela elegante y cosmopolita de los expertos en derechos del hombre y otros consejeros que comparten su periódico entre reuniones innumerables y la redacción de expedientes intrincados. ¿Despliegan la energía suficiente para que los serbios sufran una suerte un poco menos terrible que los albaneses no hace mucho?

Bernard Kouchner, que fue, en junio de 1999, el primer alto representante del Secretario General de las Naciones Unidas, es decir, el primer gobernado de Kosovo bajo protectorado, no está lejos hoy de reconocer su fracaso. Después de nuestra llegada, son los serbios los que pasaron a ser las víctimas, ha declarado recientemente con motivo de la proyección de una película realizada por el ejército francés. No supimos protegerlos. Con eso está dicho todo. La Comunidad Internacional está camino de conseguir lo que Slobodan Milosevic no había conseguido llevar a cabo: ¿la edificación de un Kosovo étnicamente puro?

Mentiras e indiferencias

Desde junio de 1999, los primeros asesinatos de serbios ponían a 180.000 personas sobre los caminos del exilio. De los aproximadamente 70.000 serbios que quedan en la provincia, poblada por unos 2 millones de habitantes, más o menos la mitad vive al norte del Ibar, el río que separa en dos la ciudad de Mitrovica y aisla la parte septentrional, relacionada con el resto de Serbia (de la cual Kosovo, según la resolución 1244 de la ONU votada en junio de 1999, es parte integral).


La comunidad internacional se opuso fuertemente a la limpieza étnica e, ironía de la historia, la patrocina aquí, resume el padre Sava, del monasterio de Decani, cerca de Prizren, al sur de Kosovo. Nuestra herencia sistemáticamente es erradicada. Ni cinco céntimos han sido dados para la reconstrucción de los 120 edificios destruidos o dañados. Desde hace cuatro años, este hombretón anglófono y familiarizado con el uso de Internet intenta sin descanso sensibilizar al mundo sobre la suerte de su pueblo en desamparo: pensamos que Kosovo es una tierra serbia, pero jamás defendimos el régimen de Milosevic. Durante los bombardeos, acogimos a refugiados de todas las nacionalidades. Los albaneses no tienen ninguna razón para odiar al monasterio. Sin embargo, no podemos más ir a la ciudad. Hasta escoltados, somos agredidos, a menudo por pilluelos sometidos a una intensa propaganda de sus profesores.

Son numerosos para no beneficiarse más de estas preciosas escoltas que la KFOR se resiste cada vez más a abastecer.


Antes de dejar la provincia, el alemán Michael Steiner, predecesor del actual alto representante, el finlandés Hari Holkeri, había presentado un informe muy optimista sobre la seguridad en la provincia al Consejo de Seguridad. Todo el mundo querría creerle, para empezar los países contribuyentes de la KFOR, muy preocupados por reducir sus contingentes. La concesión de una escolta de protección constituye un medio de presión eficaz para que los serbios recalcitrantes cooperen con las instituciones internacionales. Los militares dicen que son preparados para la guerra, no para acompañar a los niños a la escuela, observa el estadounidense ya citado de la UNMIK.

¡Excepto que nadie hiciese la guerra, ni siquiera a los asesinos!

Mientras que una centena de ataques y cerca de 1000 homicidios han sido cometidos según Belgrado (la UNMIK reconoce muchos menos), las primeras detenciones se produjeron hace apenas unas pocas semanas. En numerosos casos, comenta el padre Sava, se comienza por difundir noticias falsas que imputan los asesinatos de serbios a los propios serbios o haciendo pasar a las víctimas por albaneses. Cuando el mentís es publicado, todo el mundo se ha olvidado del asunto.

Como si hubiera que añadir a la mentira la indiferencia. Sea como sea, concluye un diplomático, ni la KFOR ni la UNMIK pueden reglamentar la cuestión de la seguridad. Es a los albaneses, y sólo a ellos, a los que compete hacerlo. Eso es tanto como decir que el gran mestizaje está muy lejos de ser una realidad.

Es muy importante para una sociedad contar con minorías, pontifica el consejero. Esto da lugar a la fantasía y favorece el humor. Imaginamos el efecto de un discurso como este entre los serbios que permanecen en la provincia y que sobreviven en los enclaves. En los más grandes, o en los que están constituidos por varios pueblos unidos entre sí, se puede llevar una existencia más o menos normal. A condición de no salir de ahí.

Pero otros enclaves se reducen a un barrio minúsculo, como en Orahovac, en la región de Prizren, donde unas centenas de ancianos parecen esperar la muerte; o, incluso, a unas pocas casas, como en el centro de la ciudad de Obilic, donde una decena de familias -todavía más aterrorizadas desde la matanza de la familia Stolic (un anciano matrimonio y su hijo)- abrieron pasos de comunicación entre sus patios y jardines para no tener que aventurarse fuera. Para ellas, la animosidad de la vecindad es tanto más fuerte porque se le añade la concupiscencia de los intereses inmobiliarios: cada familia serbia que echa la llave constituye una victoria.

Antiguo minero, Ranislav Radovic, de 65 años, vive con su mujer Angelina y sus dos hijos. No puede ir ya a cultivar el trozo de terreno que posee a las afueras de la ciudad. Pero las colmenas, instaladas en su jardín, abastecen de una miel excelente. Angelina no ha salido de su casa desde hace cuatro años, pero, en caso de una urgencia, Ranislav va a la ciudad: después de cuarenta años de fábrica y de mina, conozco a todo el mundo. Mis antiguos amigos albaneses hablan un momento conmigo cuando nadie les ve. Ranislav está sin embargo lleno de vida y de alegría: pasé casi la mitad de mi vida bajo tierra y siempre fui feliz. No pueden hacerme nada, aparte de matarme. Milena, 14 años, entra en casa reventando de risa. Es la chica más hermosa de nuestro pequeño enclave, dice Ranislav. Y es también la más fea: es la única. Su hermano pequeño, cría palomos. Por falta de espacio, les enseñó a volar en la terraza.

Lo peor aquí es el aburrimiento. Por supuesto, hay un miedo omnipresente, un sentimiento de ser olvidado por todos. Algunas veces, el aislamiento absoluto como el de aquel viejo muerto de hambre, en plena ciudad, y que ningún vecino se atrevió a socorrer.

Lo más terrible, que no hay nada más que hacer que mirar a un pasado sepultado. Sólo los más jóvenes se atreven a soñar con un futuro mejor. Sonia tiene 15 años pero lleva una existencia de mujer. Ella permanece con su abuela, enferma, y su pequeño hermano en el sur de Mitrovica, en zona albanesa, en una vivienda ruinosa que limita con la iglesia, protegida por los soldados griegos. Deja su casa sólo para ir a la escuela, al norte de la ciudad, siempre bajo escolta. ¿Cómo podría echarme novio, mientras que los militares me acompañan desde la salida del curso? Y mi hermano pequeño hasta no puede tener un amigo. ¿Es esto la democracia? El otro día Sonia pudo ver en la televisión las fiestas organizadas con motivo de la semana de los derechos del niño…

Situaciones surrealistas

En todos los pisos de la fábrica de gas de la ONU, se sigue como si la comedia democrática que se representa en el seno de instituciones formalmente multiétnicas tuviera algo que ver con la realidad. Salvar las apariencias parece ser la primera obsesión de los funcionarios internacionales.


A pesar del empeño puesto, tanto por los responsables de la ONU como por los dirigentes albaneses, el retorno de los serbios se produce con cuenta gotas en Kosovo y las expediciones son suspendidas frecuentemente. Los refugiados prefieren irse de nuevo cuando comprueban los peligros conjugados con la indigencia. Además, ciertas exigencias administrativas que tendrían sentido en Suiza no dejan de ser absurdas en la provincia.

Serbios que se ven impotentes para reclamar títulos de propiedad difíciles de encontrar para poder reconstruir sus viviendas familiares arrasadas. En otra parte, un burócrata riguroso exige que, conforme a una circular precisa, la vuelta de los refugiados se efectúe exactamente en el lugar que dejaron a pesar del carácter manifiestamente irrealizable de la operación. En ciertas localidades, particularmente en el oeste de Kosovo, los serbios no podrían sobrevivir más que bajo protección permanente. Esto sucede sobre todo entre la gente más corriente, pero todo el mundo tiene cada vez más miedo de los extremistas, confía un responsable de Plemetina, una importante villa serbia que pertenece a la municipalidad de Obilic.

¿Impotencia? ¿Cinismo? Para la mayoría de los serbios, incluyendo a Belgrado, la situación es de una claridad meridiana: la UNMIK juega a la albanización total de Kosovo.

Oliver Ivanovic, uno de los dirigentes de la comunidad serbia en Mitrovica, reconoce que el prejuicio favorable a los albaneses, evidente durante los dos primeros años, se ha difuminado un poco. Se tiene más bien la sensación de que nadie, a excepción de los dirigentes albaneses más duros a menudo surgidos del antiguo UCK, hace alarde de sus verdaderas intenciones. Por consiguiente, la consigna general es: no más divagaciones, los internacionales, comenta un periodista albanés, se dejan engañar por los locales.

Dicho de otro modo, el principal problema es que la UNMIK no controla gran parte de la máquina puesta en funcionamiento. Al no conformarse la realidad con la aspiración fijada por la resolución 1244, la administración de la ONU ignora la realidad e instaura una democracia de fachada, en la cual se ve a diputados obligados a ir al Parlamento en coche blindado.

Incapaz de hacer respetar los derechos de los serbios en el seno de las instituciones oficiales donde permanecen ultraminoritarios, la UNMIK tolera redes paralelas financiadas por Belgrado. El caso de la enseñanza, donde la ONU intentó en vano imponer escuelas multiétnicas, las cuales nadie quiere es particularmente significativo. Pero la dualidad de estructuras existe también a nivel político, donde se ve a concejales nombrados por Belgrado coexistir con las municipalidades que funcionan bajo la égida de la UNMIK. Dejamos hacer en lugar de representar el juego de la multietnicidad, se pone nerviosa una funcionaria que trabaja para la municipalidad de Pristina. Esto es desleal a los ojos de los albaneses correctos.

Excepto que se trata menos de representar un juego que de representar una comedia. Durante este tiempo, los serbios más radicales juegan a la política de lo peor, contando con una situación que, pudriéndose de más en más, podría conducir, esperan, a la partición de Kosovo.

Informes de fuerza

Mucha gente estaría de acuerdo con un statu quo sin independencia siempre que las estructuras de poder serbio no se reinstauren, analiza un diplomático. Nadie, sin embargo, se atrevería a votar por esta fórmula, por miedo a ser señalado como un traidor.

La perspectiva de un Kosovo independiente, que tiene el riesgo de ser un narco-Estado, no atrae el entusiasmo de casi nadie.

El nivel de arcaísmo es absolutamente sorprendente, admite un diplomático occidental que trabaja en una de estas verdaderas falsas embajadas abiertas por todos los países. Todo el mundo coincide en que no existe hoy elite albanesa capaz de hacerse cargo de un Estado naciente.

La peor decisión de la UNMIK fue conferir la universidad a los albaneses, se enfurece el periodista Baton Haxiu. Si nada cambia, corremos hacia el desastre en los próximos veinte años.

Arrinconada entre dos ambiciones que compiten, la administración de la ONU ha escogido pues someterse al informe de fuerza. Los Occidentales saben que, si se muestran firmes en la aplicación de la resolución 1244, previendo la vuelta de todos los refugiados y el mantenimiento de Kosovo en el conjunto de Serbia, se arriesgan a una guerra con los albaneses, explica Pedrag Simic, profesor de relaciones internacionales en Belgrado.

Así pues, prefirieron ganar tiempo mientras agitaban la zanahoria de la independencia. Por lo demás, por el lado albanés, el desarme nunca ha tenido efecto. Se sabe que un cierto número de ONG, centros culturales o mezquitas realizan actividades bien distintas a rezar u organizar espectáculos, denuncia un irlandés de la UNMIK.

Evidentemente, la ONU tiene miedo. Miedo de sufrir represalias si se muestra demasiado firme, miedo de comprobar el bonito cuento de hadas que trata de promover ensombrecido por la violencia.

También la ley del silencio reina en todas las plantas de esta Administración donde nadie osa hablar si no es cubierto por el anonimato.

Por medio del paraíso de los derechos del hombre, el Kosovo bajo administración internacional es un universo surrealista en el que un periodista de Belgrado es encarcelado por haber conducido su automóvil con falsas placas de matriculación.

Sin embargo, al parecer de un miembro del departamento de Justicia, el marco legal de la ONU es el más políticamente correcto del mundo. Es muy difícil colocar a alguien en situación de detención. Visiblemente, ciertos justiciables son más iguales que otros.

Como si quisiera resumir de un trazo la verdad de Kosovo en la época de la ONU, el director irlandés de una flamante prisión se niega a la entrega de un libro a un preso serbio: una obra sobre George Orwell. Sin duda, el celoso funcionario ignora que en el mundo descrito por el escritor inglés: la verdad, es la mentira.


Pues bien, la situación, como ya digo, no ha variado sustancialmente, como ponen de manifiesto otros muchos artículos e informes, algunos de los cuales, con el tiempo, iré traduciendo. Y que, por otro lado, apenas ocupan un espacio en la mayoría de los principales medios de información occidentales.

Mientras tanto la amenaza de una independencia absoluta para Kosovo, bajo estas inadmisibles condiciones, se cierne sobre la población no-albanesa que se resiste a dejar su tierra y sus hogares, su patria. Dicho de otro modo, podemos seguir preguntándonos qué será hoy -después de cinco años- de las vidas de Ranislav y su familia, de Sonia y la suya, del preso que no puede leer a Orwell y de tantos y tantos otros ciudadanos kosovares a merced de los burócratas internacionales y el terror y la violencia de la sinrazón nacionalista de los extremistas albaneses.




(*) Este reportaje fue publicado el 21 de junio de 2007 en el sitio web del Collectif Citoyen pour la Paix au Kosovo-Métochie, de donde ha sido recogido y traducido.

2 comentarios:

Alejandro dijo...

Nunca va a solucionarse este problema. Estarán así para siempre: la ONU jamás sirvió para nada y jamás servirá para nada. El daño ya está hecho y las heridas no cerrarán nunca. Es una pena, pero es la verdad.
Todo está basado en que los mal llamados "albano-kosovares" quieren armar la Gran Albania junto con Kosovo; esto no es historia nueva: los albanos andan atrás de Kosovo desde hace más de cien años. Parece que los de la ONU se están haciendo los estúpidos (como siempre, inútiles hasta el final) y hacen oidos sordos a la historia. Después pretenden que la historia no los juzgue...
Jamás va a solucionarse el tema de Kosovo: hay muchos odios, envidias, codicias y demás basura pendiente dando vueltas; no se puede pretender una solución a la medida de la mal llamada "legalidad", porque aún la "legalidad" no aclara para quién está trabajando: si para los intereses particulares o para los intereses generales.
Otro fracaso más para de la ONU que van a pagar inocentes.

Teofilactos dijo...

Muchas gracias por tu visita, Alejandro, y también por tu comentario.

Yo también soy bastante pesimista sobre la trágica situación que se vive en Kosovo-Metohija y poco o nada confiado en la solución que pretende dársele; y esto, tanto si hablamos de lo que se contiene en el Plan Athisari, como de lo que parece ser posición mayoritaria en la UE y, asímismo, como de lo que se intuye en el seno de la misma ONU.

Esperemos que no tengamos que lamentarlo, por lo pronto, en la "civilizada" Europa.

Roguemos al Señor para que los más negros presagios no se cumplan.

En Cristo:

Anastasio