domingo, octubre 22, 2006

"CONSIDERAR LA RELIGIÓN UNA CUESTIÓN INTELECTUAL AFECTA A LA FE"

El 17 del mes pasado, con motivo del discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona y las polémicas (algunas violentas) suscitadas a raíz de la interpretación de algunos de sus pasajes, Su Beatitud Ignacio IV, Patriarca de Antioquía y Todo Oriente, remitió una carta al obispo de Roma en la que trata de hacerle ver que la comprensión de la religión -incluido el diálogo interreligioso- debe llevarse al ámbito que le es propio: el de la fe y el culto, así como el de la doctrina y la práctica religiosas.

El contenido textual de la carta (*) es el siguiente:


Saludos y deseos de buena salud.

A lo largo de los últimos días hemos seguido con gran inquietud sus declaraciones y las reacciones de indignación que le sucedieron y es por ello que queremos aclarar a Su Santidad algunos puntos esenciales en los que los cristianos de Oriente viven y creen. Estos cristianos son quienes tienen mas conocimiento, consideración y entendimiento a cerca del Cristianismo y el Islam en conjunto, mas aún que en cualquier otra parte del mundo, puesto que conviven y comparten en armonía desde comienzos del llamado islámico hasta el día de hoy.

Hemos logrado las mejores relaciones gracias al respecto por la religión y a la libertad de práctica de culto según lo desea cada uno de acuerdo a las enseñazas de la religión a la que pertenece y a las norma de su ley. De aquí que la noble relación existente entre el cristianismo y el Islam y la particular cultura de convivencia provenga de este Oriente y de esta tierra que es tierra de religiones santas. Y como UD bien lo sabe, S. S. Juan Pablo II alabó la convivencia y la relación de ambas religiones tal como las vio y conoció durante su histórica visita a Siria cuyos hechos y escritos pasaron a ser parte de la historia del Vaticano y una etapa en el desarrollo al que apuntaba su predecesor.

No queremos ahondar en detalles a cerca de la relación entre el Cristianismo y el Islam y entre el Islam y el Cristianismo, esa relación tan rica de gestos dedicados a la convivencia y al respeto mutuo. No es necesario tratar esto aquí, dadas las condiciones actuales, como tampoco es necesario recordar que el sura mas largo del Santo Corán es aquel que expresa un gran respeto y estima por el Cristianismo.

Sin embargo, quisiéramos indicar que hablar acerca de la religión como tema de investigación académica no corresponde a la verdad de la religión que es dogma y fe tal como la practican los creyentes e, indudablemente, cada cual tiene pleno derecho de practicar su culto según lo desea. Por lo tanto, la religión no es una tema intelectual sino mas bien una cuestión doctrinal. Por lo tanto considerarla una cuestión intelectual afecta negativamente los conceptos y las creencias propias de tal o cual religión. Esperamos que Su Santidad contribuya a apartar la esencia de la religión de la mesa de dialogo y de las opiniones personales y citas que se quedaron en el tiempo, tratando de tener en vista mas bien los fundamentos doctrinales de la religión desde una perspectiva moderna y no desde una perspectiva propia del medioevo.

Sostenemos con certeza que la religión no está para servir al lujo del ejercicio intelectual y filosófico sino que más bien está para vivir y convivir en el amor, según lo enseñan la doctrina, las normas y también los ritos de cada religión. Es esto lo que caracteriza al Oriente en que vivimos desde los comienzos de las revelaciones y profecías celestiales.

Encomendados en sus oraciones le deseamos a Su Santidad todo bien.

[ SB Ignacio IV, Patriarca de Antioquía y Todo Oriente ]


Sin entrar ahora a considerar otros aspectos de la polémica y, menos, los hechos acontecidos en torno y a propósito de ella (algunos de ellos sin duda condenables desde los principios de la convivencia, la tolerancia y la libertad religiosas), y centrándome en la llamada de atención realizada por Su Beatitud Ignacio IV, sí quiero consignar la tendencia -no exclusiva del actual Papa sino también, en general, de otros jerarcas, teólogos y eruditos de la Iglesia romana-, a incurrir en una excesiva y abusiva interpretación intelectualista del cristianismo que afecta gravemente a su labor teológica.

Benedicto XVI puede que, en Ratisbona, al pretender equiparar el "Logos" de la fe cristiana al "logos" de la filosofía, estuviese más urgido -e influido-, casi sin dudarlo, por ganarle una batalla estrictamente política al secularismo y al laicismo presentes en la sociedad occidental, a la par que conseguir con ello, para la Iglesia católica, un especial y mayor reconocimiento de las instituciones europeas.

Que con esta finalidad se ha olvidado -y apartado- de la propia tradición de la Iglesia, desde los primeros apologistas cristianos a los Padres de la Iglesia, es, según mi particular punto de vista e interpretación del texto de Su Beatitud Ignacio IV, algo manifiesto. Algo que hasta reconocidos historiadores de la filosofía (Étienne Gilson, Frederick Copleston, José Ferrater Mora, etc.) harían ver.