domingo, junio 11, 2006

LECTURAS PARA PENTECOSTÉS



En este Domingo de Pentecostés (*) introducimos algunos textos que muevan a la reflexión en torno a la "naturaleza" del Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad y, así mismo, lleven a la oración.

"Llegado el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les concedía expresarse" (Hechos, 2, 1-4)


Lectura de la profecía de Joel (Jl 2, 23-27 y 3, 1-5) -Lectura de Vísperas de Pentecostés-:

"Esto dice el Señor: ¡Hijos de Sión, alegraos en El Señor vuestro Dios! Porque él os da la lluvia de otoño, con justa medida, y hace caer para vosotros los aguaceros de otoño y primavera como antaño. Las eras se llenarán de trigo puro, de mosto y aceite virgen los lagares rebosarán.

-`Yo os compensaré de los años en que os devoraron la langosta y el pulgón, el saltón y la oruga, mi gran ejército, que contra vosotros envié´.

Comeréis en abundancia hasta hartaros, y alabaréis el nombre de El Señor vuestro Dios, que hizo con vosotros maravillas. (¡Mi pueblo no será confundido jamás!)

-`Y sabréis que en medio de Israel estoy yo, ¡yo, El Señor, vuestro Dios, y no hay otro! ¡Y mi pueblo no será confundido jamás!´.

- `Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego, columnas de humo´.

El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, ante la venida del Día de El Señor, grande y terrible. Y sucederá que todo el que invoque el nombre de El Señor será salvo, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá supervivencia, como ha dicho El Señor, y entre los supervivientes estarán los que llame El Señor".


Oración de la celebración de las genuflexiones para después de la Liturgia del Día de Pentecostes:

"Señor Jesucristo Dios nuestro, que has dado tu paz a los hombres, y estando siempre presente en esta vida, sigues dando el don del Espíritu Santo a los fieles, como herencia que no puede ser quitada, Tú enviaste hoy manifiestamente, esta gracia sobre tus santos discípulos y apóstoles, y abriste sus labios con lenguas de fuego. Por ellos todas las naciones hemos recibido, por medio de Él, el conocimiento de Dios en nuestras propias lenguas. Hemos sido iluminados por la luz del Espíritu, y hemos sido librados del engaño como de la oscuridad, y por la distribución de las lenguas de fuego y por su maravillosa operación, hemos aprendido a creer en ti, y hemos sido iluminados para que podamos confesarte, con el Padre y el Espíritu Santo, en una sola Divinidad y Potencia y Autoridad. Porque eres el resplandor del Padre, la imagen misma, inalterable e inmutable, de su esencia y naturaleza, la fuente de la sabiduría y de la gracia.

Ábreme a mí los labios, que soy pecador, y enséñame como conviene qué he de pedir. Pues tú conoces la multitud de mis pecados, mas tu ternura sobrepasará la su enormidad. Pues he aquí, que con temor estoy ante ti; en el mar de tu misericordia arrojo la desesperación de mi alma. Ordena mi vida, Tú que ordenas toda la creación con tu palabra, y con el inefable poder de tu sabiduría. Puerto tranquilo de los zarandeados por la tempestad, hazme saber el camino en que debo andar. Concede a mi entendimiento el Espíritu de tu sabiduría, y da el Espíritu del conocimiento a mi necedad. Haz sombra a mis hechos por el Espíritu de temor de ti, y renueva un Espíritu recto dentro de mí. Y con la guía de tu Espíritu, confirma mi alma inconstante a fin de que, siendo dirigido todos los días por tu Santo Espíritu hacia lo que me es útil, me sea concedido guardar tus mandamientos y acordarme siempre de tu gloriosa segunda venida, escrutadora de nuestras obras. No me rechaces, a no ser que sea engañado por los placeres corruptores de este mundo, mas capacítame para ansiar el gozo de los tesoros venideros. Porque has dicho, oh Señor, que todo lo que se pide en tu nombre será libremente recibido de tu Dios y Padre coeterno. Yo, pecador, en el día del descenso de tu Santo Espíritu, suplico de tu bondad, que me concedas todo lo que he pedido si es para mi salvación. Sí, oh Señor, Dador generoso de todo beneficio, porque Tú eres el que concede abundantemente todo lo que pedimos. Tú eres el que se hizo partícipe compasivo y misericordioso de nuestra carne, excepto en el pecado; y a los que doblan las rodillas ante ti, te inclinas y te haces propiciación de nuestros pecados. Concede, entonces, oh Señor, tu compasión a tu pueblo. Escúchanos desde tu cielo santo. Santifícalo por el poder de tu diestra salvadora. Cobíjanos bajo el amparo de tus alas. No desprecies las obras de tus manos. Contra ti solo pecamos, más a ti sólo te adoramos. No sabemos adorar a un dios extraño, ni extender nuestras manos a otro dios, oh Maestro. Perdónanos nuestras ofensas, y acepta nuestras plegarias dichas al doblar las rodillas; extiéndenos a todos la mano de tu auxilio, y recibe nuestra plegaria como incienso agradable, que asciende ante tu reino bendito".


Unas palabras de San Serafín de Sarov sobre el Espíritu Santo:

"La finalidad de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo... El Espíritu Santo es al mismo tiempo Dador de gracia y Don. En este sentido se le puede adquirir, llenándose de su gracia, haciendo que more en nosotros, convirtiéndonos en templos suyos. Toda virtud practicada en nombre de Cristo nos trae la gracia del Espíritu Santo. Sobre todo la oración..."


(*) Antes -en el tiempo histórico- del "pentecostés cristiano" cabe hablar del "pentecostés judío": Fiesta judía del mes de Shavuot que se celebraba cincuenta días ("pentecontas" -griego- : cincuenta) después de la Pascua. Era la fiesta de las ofrendas de las primicias de las cosechas (Dt 16, 9). Posteriormente tuvo el sentido de conmemoración de la entrega de la Ley de Moisés.

Por haber acaecido la venida a los Apóstoles del Espíritu Santo durante esta fiesta judía, es por lo que recibe la festividad cristiana igualmente este nombre de "Pentecostés" y, así mismo, por celebrarse 50 días después de la muerte y resurrección de Jesucristo (Pascua de Resurrección).